martes, 29 de noviembre de 2011

Quizá la más querida

Me diste la intemperie, la leve  sombra de tu mano pasando  por mi cara. Me diste el frío,  la distancia, el amargo café  de medianoche entre mesas  vacías. Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía una  araña esperando entre los pétalos.
Creo que lo sabías que favoreciste la desgracia.  Siempre olvidé el paraguas  antes de ir a buscarte,  el restaurante estaba lleno  voceaban la guerra  en las esquinas.  Fui una letra de tango para tu indiferente melodía.