jueves, 11 de julio de 2013

La Renga y Castaneda

Hace muchos años atrás escuchaba La Renga, sin conocer a Carlos Castaneda, ahora luego de haberme introducido en el mundo de los brujos y de la sabiduría tolteca, y habiendo podido realizar ciertos movimientos en mi punto de encaje, he logrado que mi percepción con respecto a ciertas cosas, de ésta realidad, hayan cambiado. Desde mi manera de ver la vida, la muerte, el infinito, las energías, las emanaciones del Águila, las plantas de poder, el capullo luminoso...hasta las canciones. Por eso, acá dejo dos canciones que hacen referencia a las enseñanzas que le dejó el nagual Don Juan a Castaneda.

:::Cuándo vendrán:::

Es que la muerte esta tan segura de vencer 
que nos da toda una vida de ventaja. 
Tu empresa líder funciona bien en el caos 
inventando analgésicos para poder seguir, 
cuando el mundo no tiene respuestas 
o se vuelve incomprensible, 
yo sigo acá, insoportablemente vivo. 
Si del principio hubiera aprendido a ser un animal 
hoy tendría un instinto noble a cambio de esta pena 
y si la ruta me va dejando sin aliento, 
sera que un buscador nunca llegará a destino. 
Cuando el mundo no tiene respuesta 
o se vuelve incomprensible, 
recuerda que un guerrero toma todo como un desafío. 
Cuando vendrán los días de sol y no tener mas esa nube en el cielo. 
Cuando vendrán las noches de estrellas, 
y no tener mas en mi casa ese techo. 
Cuando vendrá la canción primitiva 
y no tener mas sobre mi corazón, una cabeza. 

:::Hablando de la libertad::: 

Hice a mi cuerpo amigo del cielo y la distancia 
y me fui a buscarle una verdad a mi corazón. 
Algo tan grande como el cielo y las montañas 
y tan pequeño como una gota de rocío. 
Y ya no estuvo más conmigo mi corazón, 
se fue a posar en cada una de las cosas; 
y ya no estuvo más conmigo mi corazón, 
se fue a fundir con la esencia y la sabia. 
Y ahora sólo un camino he de caminar, 
cualquier camino que tenga corazón. 
Atravesando todo su largo sin aliento, 
dejando atrás mil razones en el tiempo. 
Y morir queriendo ser libre, encontrar mi lado salvaje, 
ponerle alas a mi destino, 
romper los dientes de este engranaje. 
Hice un lugar en el refugio de mis sueños 
y guarde ahí mi tesoro más preciado. 
Donde no llega el hombre con sus jaulas 
ni la maquinaria de la supervivencia. 
Me fue más fácil, intentar la vida, 
que venderla al intelecto y la conformidad. 
Y ahora sólo un camino he de caminar, 
cualquier camino que tenga corazón. 
Atravesando todo su largo sin aliento 
dejando atrás mil razones en el tiempo. 
Morir queriendo ser libre, encontrar mi lado salvaje, 
ponerle alas a mi destino, 
romper los dientes de este engranaje.

miércoles, 12 de junio de 2013

Capítulo 67

Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación. Como un color gris que fuera un dolor y fuera el estómago. Y casi a la par (pero después, esta vez no me engañas) se abrió paso el repertorio inteligible, con una primera idea explicatoria: «Y ahora vivir otro día, etc.» De donde se sigue: «Estoy angustiado porque… etc.» Las ideas a vela, impulsadas por el viento primordial que sopla desde abajo (pero abajo es sólo una localización física). Basta un cambio de brisa (¿pero qué es lo que la cambia de cuadrante?) y al segundo están aquí las barquitas felices, con sus velas de colores. «Después de todo no hay razón para quejarse, che», ese estilo. Me desperté y vi la luz del amanecer en las mirillas de la persiana. Salía de tan adentro de la noche que tuve como un vómito de mí mismo, el espanto de asomar a un nuevo día con su misma presentación, su indiferencia mecánica de cada vez: conciencia, sensación de luz, abrir los ojos, persiana, el alba. En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano. Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma. Ansié la dispersión de las duras constelaciones, esa sucia propaganda luminosa del Trust Divino Relojero.

domingo, 9 de junio de 2013

¿Para quién brilla el sol?

El sol brilla para todo el mundo, pero no brilla en las prisiones,
no brilla para los que trabajan en la mina,
los que descaman el pescado
los que comen carne pasada
los que fabrican horquillas para el pelo
los que soplan vacíos en botellas que otros beberán llenas
los que cortan el pan con el cuchillo
los que pasan las vacaciones en las fábricas
los que no saben lo que hay que decir
los que ordeñan las vacas y no beben la leche
los que no son anestesiados en el dentista
los que escupen sus pulmones en el metro
los que fabrican en sótanos las estilográficas con las que otros
escribirán al aire libre que todo va de perlas
los que tienen demasiado que decir para poder decirlo
los que tienen trabajo
los que no lo tienen
los que lo buscan
los que no lo buscan
los que dan de beber a los caballos
los que ven morir a su perro
los que tienen casi todas las semanas el pan de cada día
los que en invierno se calientan en las iglesias
los que son enviados por el sacristán a calentarse fuera
los que se estancan
los que querrían comer para vivir
los que viajan entre las ruedas
los que miran correr el Sena
los que son contratados, despedidos, ascendidos, rebajados,
manipulados, registrados, apaleados
los que son fichados
los que son llamados fuera de filas y fusilados al azar
los que deben desfilar frente al Arco
los que no saben comportarse en ninguna parte
los que nunca vieron el mar
los que huelen a lino porque trabajan el lino
los que no tienen agua corriente
los que son destinados al "azul horizonte"
los que arrojan sal en la nieve a cambio de un jornal irrisorio
los que envejecen más aprisa que los otros
los que nunca se agacharon para recoger un alfiler
los que se mueren de aburrimiento en las tardes de domingo
porque ven llegar el lunes
y el martes, y el miércoles, y el jueves, y el viernes
y el sábado
y la tarde del domingo.

viernes, 31 de mayo de 2013

Los portadores de sueños

En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores;
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.
Desde pequeños venían marcados por el amor.
detrás de su apariencia cotidiana
guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías
habladoras de catástrofes.
Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua al corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.
Los portadores de sueños sobrevivieron a los
climas gélidos pero en los climas cálidos casi parecían brotar por
generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales tuvieron algo que ver con esto,
la verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.
Eran felices en su mundo de azúcar y de viento,
de todas partes venían a impregnarse de su aliento,
de sus claras miradas,
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.
Son peligrosos - imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.
Hay que destruirlos - imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.
Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.
Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de
sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piesecitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.
Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoiris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Esta nostalgia

Este sueño que vivo,
esta nostalgia con nombre y apellido,
este huracán encerrado tambaleando mis huesos,
lamentando su paso por mi sangre.
No puedo abandonar el tiempo y sus rincones,
el valle de mis días
está lleno de sombras innombrables,
voy a la soledad como alma en pena,
desacatada de todas las razones,
heroína de batallas perdidas,
de cántaros sin agua.
Me hundo en el cuerpo,
me desangro en las venas,
me bato contra el viento,
contra la piel que untada está a la mía.
Qué haré con mi castillo de fantasmas,
las estrellas fugaces que me cercan
mientras el sol deslumbra
y no puedo mirar más que su disco
-redondo y amarillo-
la estela de su oro lamiéndome las manos,
surcándome las noches,
desviviéndome,
haciéndome desastres.
Me entregaré a los huracanes
para pasar de lejos por esa luz ardiendo.
Estoy muriéndome de frío.

lunes, 20 de mayo de 2013

Definición

Podríamos tener una discusión sobre el amor.
Yo te diría que amo la curiosa manera
en que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen,
exploradores que renuevan
el más antiguo acto del conocimiento.

Diría que amo tu piel y que mi piel te ama,
que amo la escondida torre
que de repente se alza desafiante
y tiembla dentro de mí
buscando la mujer que anida
en lo más profundo de mi interior de hembra.

Diría también que amo tus ojos
que son limpios y que también me penetran
con vaho de ternura o de preguntas.

Diría que amo tu voz
sobre todo cuando decís poemas,
pero también cuando sonás serio,
tan preocupado por entender
este mundo tan ancho y tan ajeno.

Diría que amo encontrarte
y sentir dentro de mí
una mariposa presa
aleteándome en el estómago
y muchas ganas de reírme
de la pura alegría de que existía y estás,
de saber que te gustan las nubes
y el aire frío de los bosques de Matagalpa.
Podríamos discutir si es serio
esto que te digo.
Si es una quemadura leve, de segundo,
tercer o primer grado.
Si hay o no que ponerle nombre a las cosas.
Yo sólo una simple frase afirmo
Te amo