martes, 11 de enero de 2011

Serenata para la tierra de uno

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, 
mi amor, yo quiero vivir en vos.
Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, 
mi amor, yo quiero vivir en vos.
Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.
Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, 
mi amor, yo quiero vivir en vos.
Para sembrarte de guitarra
para cuidarte en cada flor,
y odiar a los que te lastiman, 
mi amor, yo quiero vivir en vos.

martes, 21 de diciembre de 2010

Los reflejos infieles



Me moldeó muchas caras esta sumisa piel, adherida en secreto a la palpitación de lo invisible lo mismo que una gasa que de pronto revela figuras emboscadas en la vaga sustancia de los sueños. Caras como resúmenes de nubes para expresar la intraducible travesía; mapas insuficientes y confusos donde se hunden los cielos y emergen los abismos. Unas fueron tan leves que se desgarraron entre los dientes de una sola noche. Otras se abrieron paso a través de la escarcha, como proas de fuego. Algunas perduraron talladas por el heroico amor en la memoria del espejo; algunas se disolvieron entre rotos cristales con las primeras nieves. Mis caras sucesivas en los escaparates veloces de una historia sin paz y sin costumbres: un muestrario de nieblas, de terror, de intemperies. Mis caras más inmóviles surgiendo entre las aguas de un ágata sin fondo que presagia la muerte, solamente la muerte, apenas el reverso de una sombra estampada en el hueco de la separación. Ningún signo especial en estas caras que tapizan la ausencia. Pero a través de todas, como la mancha de ácido que traspasa en el álbum los ambiguos retratos, se inscribió la señal de una misma condena: mi vana tentativa por reflejar la cara que se sustrae y que me excede. El obstinado error frente al modelo.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Amor de Dragón

Cuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi están al alcance de la mano. Y los dragones creen que el mundo queda en calma. Pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo. O la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones de cómo la Tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna delante del sol y etcétera etcétera. Vanas explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se alejen.Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.

"Llorar a lágrima viva"